14633. LA HUIDA.
Llegó el momento de la huida.
Ayer cuando reclamaste el derecho a tu silencio, entendí que algo se había transformado.
Cuando sin aviso rompiste aquel silencio que habías protegido, para expresar desde lo profundo de tu emoción y tu deseo, que era una mujer hermosa y que hacer el amor conmigo había sido... no recuerdo el adjetivo, "algo especial", supe desde mi ser que el momento de huir había llegado, que ibas a correr lo mas lejos que pudieras.
Antes que sentirme feliz o halagada, sentí el vacío de la proximidad del adiós. Aturdida por aquellas palabras y embriagada en la tristeza creciente, respondí sin sentido y con una torpeza destacada, intentando retener un poco mas aquella experiencia, aquellas sensaciones, aquellas emociones. De aquella amable y maravillosa compañía que había encontrado en ti. Entonces me atrevo a abrir la posibilidad de una próxima vez, con la convicción casi absoluta de que lo que estoy respondiendo es a un adiós.
Y tal como ha sido todo, sin expectativas, sin emociones extremas, sin promesa alguna, con la misma moderación, apareció un vacío enorme en mis entrañas, sin lágrimas, pero en asombro absoluto, solo puedo contemplar la sensación que me embarga y percibir la tristeza que llega hasta el corazón. Sin el corazón roto, sin la vida transformada, sin amigos compartidos, sin historias por contar. Es todo y nada.
Tan solo queda ver a través de la ventana de mi alma, como te alejas poco a poco, como tomas distancia para evitar entrar en mi y que yo entre en ti. Solo me queda contemplar tu huida, preguntándome ¿qué sucedió? Pasó todo y no pasó nada.
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