Lejos estuve de pensar que aquel día te encontraría. Y
aunque no creía estar preparada, ese día supe que ya no me dolías.
La última vez que hablamos dejaste claro en mi mente el
malestar que te generaba mi presencia, quizás lo interpreté mal, pero era seguro
para mí que para ti, yo era un lugar de incertidumbre que no te permitía vivir
tu vida con la tranquilidad, que yo interpreto como no movimiento, al que estas
acostumbrado.
Esa última vez sentí morir un poco más, me había ido
intentando creer en la promesa del regreso, sabía que no era cierta, pero
quería creer que sí. Mi cuerpo pesaba
tanto que no se podía mover, las lágrimas brotaban de mis ojos sin control y la
vida tuvo un tono gris. Circulaban por
mis venas dagas que arrancaban sus paredes sin piedad, tan solo el bombeo de mi
corazón era una tortura insoportable que prometía arrancarme de esta vida. Sin
embargo, cada mañana iniciaba de nuevo para recordarme que ya no estarías más,
nunca volviste a aparecer, así que lo asumí.
Recorrí entonces cada minuto que estuvimos juntos, logré ver
una diversidad de errores y decisiones que cometí. Pensé detenidamente en aquella frase que me
repetías donde expresabas que yo no cumplía. Nunca la comprendí. No entendí nunca tu silencio, que alimentaba
mi locura. Hasta hace una semana logré
entender a qué te referías, yo no cumplía...con la señora que esperabas que
fuera (eso creo, o puede pasar que como la mayoría de mis veces contigo que esté
completamente equivocada).
Quise disfrutar el haberme sentido amada, era como una
princesa, tú eras todo lo que yo quería en mi vida, no necesitaba más ni menos.
Guardaba en mi corazón el dolor de aquella noche vivida en tu casa, donde había
descubierto un Oscar que jamás pensé que existiera, pero había decidido que
podría ser. Al final tampoco fuiste lo
que creía que eras. Todo era una ilusión, para ambos. Yo te vi como un hombre honesto, amoroso,
decidido, sutil, amable, fuerte, dulce, encantador, comprensivo, capaz de
aceptarme como era, como soy, lo último no era real. Sentí que quería darlo todo por ti y que
estabas dispuesto a lo mismo.
Todo se diluyó en la duda y el reproche, en los supuestos
que se construyeron en el silencio. En las mañanas de miradas frías y reclamos
sobre temas sin sentido. Lo superficial
vulneró lo profundo. La forma imperó
sobre el fondo. La vida se convirtió en un verdadero infierno que no podía
vivir, sin embargo, parecía cada día seguir dispuesta a estar en el a pesar de
mi misma.
Me hundí en el dolor hasta sentir que me sobraba la vida. Entonces
descubrí lo que en realidad era el amor, no podía ser dolor, no podía ser
sufrimiento, no podía tener tantas lágrimas.
El amor no era la camisa arreglada, la carne adecuada o la casa limpia,
o los gastos controlados, eso se aprende, era cuestión de tiempo. Entendí que
para mí el amor era un lugar que se construye entre dos generando un ambiente
que lo cubre todo, que permite que el aire entré al cuerpo y lo invada con
más poder que nunca. El amor inunda los sentidos permite crear una realidad en
la que no existen los dos, solo una unidad dispuesta. Donde ese ambiente
construye, no se irrespeta, no se queda en silencio, no sufre. Tan solo
acompaña. Descubrí que el silencio había
creado una brecha enorme entre tú y yo. Irremediable.
Yo sé cuánto lo intentaste, yo estaba perdida en mi
ilusión. No podía creer que fuera
realidad, quería que fueras feliz de verdad, quería hacerte sentir tan amado
como nunca. Pero tu realidad y la mía eran tan diferentes, tus expectativas y
las mías no coincidían, lo que esperabas de mí no sabía cómo dártelo. Yo no sabía manejar una casa como tu hubieras
querido. Yo no sabía que tu forma de
actuar frente a la vida era tan detallada. Seguramente tu no sabías que mi
forma era tan despelotada.
Debo confesarte que sufrí al igual que tú, lo sé. Aun así,
cuando no estuviste, sentía que me faltabas. Reinicié mi vida, dudé de todo, me
sentí inútil, dejé de creer en mí, me he reconstruido migaja a migaja. Recogí de ti mil aprendizajes que no
tenía. No puedo ser ni seré nunca lo que
tu esperabas que fuera. Mi vida gira alrededor de cosas que no tienen que ver
con que las cosas estén ordenadas o no. Mi vida gira alrededor de ser lo más yo que pueda ser y permitirle al
mundo verlo, porque eso soy y quiero seguir siendo. En mi vida a pesar que no
quiero que todo el mundo esté en mi casa todo el tiempo, está el hecho de
pensar que amo la vida, amo a las personas que me rodean, amo mi trabajo, mis
estudiantes y gracias a Dios o al universo, amo mi vida. No quiero sentir que tengo una pelea
constante con el mundo. Quiero compartirme con los otros.
Ahora, pasado tanto tiempo finalmente me escribes. Ese mensaje o escuchar tu voz, fue algo que
esperé durante mucho tiempo, tal vez ese encuentro también. Lo desee con mi alma día tras día durante
mucho tiempo. Nunca apareció. Llegó el
momento en que mi corazón se calmó y entendió que no podía seguir esperando,
que la vida debía continuar y que yo tenía que aprender a vivir sin ti. Y así lo hice. Ahora solo puedo agradecer los aprendizajes
que tuve contigo, la posibilidad que me brindaste de conocerme mejor. Debo agradecer el que hayas arriesgado todo
por mí y hayas decidido cambiar tu vida para estar conmigo, por la razón que
fuera, quiero interpretar que fue solo así para darle el mérito al amor.
Recuerdo cada momento de nuestra convivencia y te recuerdo con cariño, ya no tengo rabia.
Agradezco
también el que me hayas dicho que me piensas, ocasionalmente yo también lo
hago, solo que sin añoranza, sin deseo o sin preguntarme si podría ser otra
vez. En esa vida, en ese momento de vida
fuiste el amor de mi vida. Te amé, mi
peor error fue querer ser lo que yo creía que tu necesitabas o querías. Mi mayor error fue creer que debía dejar de
ser yo. Mi peor error fue amarte hasta
el punto de decidir ser para ti y no para mí. Lo siento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario