Creo en mí y en lo que me dice la piel y el corazón.
Creo en las personas que están a mi alrededor porque sé que
cada una de ellas, al igual que yo, tienen una historia de amor y desamor que
ha marcado sus vidas y hace de ellas gran parte de lo que son.
Creo en el amor como fuente infinita y única de vida. Sin él nada tendría sentido y la búsqueda
sería definitivamente infructuosa.
Creo en nuestra posibilidad humana de crear, porque cuando
lo hacemos somos la mejor versión de nuestro ser y nos reconstruimos.
Creo que aprender y vivir, solo valen si tengo la
posibilidad de enseñar lo que aprendo y comparto la experiencia de lo que he
vivido.
Creo que todos tenemos la posibilidad de apoyar a otros en
la ardua tarea de construir sus vidas, aun cuando no nos damos cuenta.
Creo en los sueños que se transforman en una fuente
inagotable de energía que moviliza la vida
Creo que en la medida en que nos reconocemos como iguales,
podemos construir relaciones más auténticas y menos conflictivas.
Creo en aquel Dios capaz de expresarse a través de
innumerables espacios y momentos de la vida, especialmente en la sonrisa
sincera y limpia, en las miradas transparentes.
Creo en aquellos que decidieron ser por encima de tener, lo
que llena de incertidumbre sus días y de pasión su corazón.
Creo en los niños que llegan a este mundo todos los días
(por supuesto en mi hijo Juan Manuel) para enseñarnos o simplemente
recordarnos, aquello que se va diluyendo conforme pasamos más tiempo aquí en
medio de esta realidad. Pese a esto, los
ignoramos porque nos parece demasiado simple lo que proponen.
Creo en el hombre que me entregó su mirada y me regaló su
sonrisa una vez, de manera abierta, simple y no premeditada, sin promesas, ni
compromisos, porque sé que eso es él en realidad.
Creo en la vida como expresión suprema del amor y en la
muerte como forma única de valorar el milagro de vivir.
Creo en caminar descalzo porque me recuerda de qué estamos
hechos y con qué estamos conectados.
Creo en los amores pasajeros y en los eternos, en que las
miradas duras tan solo ruegan por un abrazo, en que las palabras toscas esperan
por ser acariciadas, que la dulzura, aunque a veces pueda ser empalagosa, tan
solo busca suavizar y armonizar.
Creo que la ciencia es un juego maravilloso que intenta
darle sentido, valor y sustento a todo aquello que parece mágico. Y esa búsqueda la convierte en algo mágico en
sí misma.
Creo que todo cuanto nos rodea es el resultado de lo que
nuestra inquieta imaginación humana puede crear, aunque a veces se nos salga de
control y terminemos dominados por nuestras creaciones, enajenados.
Creo que podríamos cambiar el mundo si tan solo una vez, por
un minuto, decidiéramos dar valor a lo realmente importante EL AMOR.
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