Desde ese día mirando a través del cristal se dió cuenta que siempre la seguiría el hombre sin rostro.
Diana Castel había asumido con derrota su soledad. Se habia rendido, sabía que seguir luchando era en vano. Pero tal como todos los seres guardaba en si la esperanza de que eso cambiaría.
En medio de una sociedad donde la soledad era vista como desgracias, Diana se valía de todo cuanto pudiera para no permitir que esa idea hiciera parte de su pensamiento.
Algún día, tiempo atrás, Diana soñó con la vida de los cuentos, una vida en la que había un él que la rodeaba y de permitía sentirse fuerte, porque se sabía respaldada.
En el camino de su vida encontró un él que le daría el estatus mas importante de su vida el de "Señora", era digno, honorable, respetable, casi poderoso.
Mientras veía su sueño transformarse en pesadilla, se dió cuenta que lo que creía era tan solo una fachada, aceptada en lo social, pero corrosivo en su ser mujer. El sacrificio era ella, entonces, se sintió mal amada, sintió que se traicionaba.
Luchó entonces por liberarse de esta sensación y prefirió la soledad. Decidió que sería ella misma, su fuerza y su respaldo. Desde ese mismo instante su vida se transformó. Y se descubrió, se disfrutó a sí misma, se liberó, sintió que se amaba a si misma y vio florecer su vida y la vio oscurecer también cuando se cerraba ante ella. Pero descubrió que la oscuridad no era permanente y podía hacer que brillara la luz de nuevo. Se descubrió fuerte, poderosa, valiente, creadora. Y pasaron los días, los meses y los años y ella seguía adelante.
Descubrió que quería compartir con alguién, y Diana Castel se sintió lista. La solución estaba al alcance de su mano, su dispositivo móvil tenía una infinita oferta de aplicaciones a través de los cuales conocer a alguien. Le pareció viable y hasta divertido.
Y empezó a conocer gente virtual, estaba bien, el tiempo no le daba para más. Tenía la posibilidad de filtrar, elegir, mirar, conversar, cancelar. Tuvo la sensación de estar en supermercado, podía ver, conversar y no tenía que comprar. Seguía su vida pero ahora sumaba cierta emoción.
Un día apareció un él. Una conversación que inició de manera muy general, como casi todas. Se veía joven, agradable, era respetuoso, eventualmente agregaba algo de picante que le parecía bien, incluso interesante. Continuó la conversación muy puesta en su lugar, manteniendo un límite que no se trangredía, pero daba permisos; le divirtió, sonrió, llenó el día con imágenes ociosas y con una que otra imagen salida de tono, que despertaba en ella algo de deseo y líbido, mas que malestar.
Así entre charlas escondidas pasó el día y algo de la noche. Se dispuso a conocerlo mejor y quiso abrir su mente. Diana no era una mojigata, aunque había algunas cosas que en definitiva no iba a experimentar. La noche llegó a su cúspide al igual que la conversación. El deseo se adueño del ambiente y las circunstancias.
El planteó una pregunta, si ella aceptaba, pasarían un límite en la virtualidad. Entonces ella aceptó. Y las palabras fluyeron al igual que los toques. Ella no dudó en decirle lo que quería, estaba bien jugar un rato.
El le pidió que pusiera la cámara, ella sabía que ese era su límite y se negó. - El juego es de imaginación solo te daré palabras -, él la había visto en sus fotos, le gustaba cómo se veía. El juego se tornó cada vez mas excitante. Tócate, dale, cógeme, acariame, lámeme, bésame, fueron una entre muchas palabras que llenaban el espacio de calor y deseo.
La excitación del momento generó cercanía y casi se podía sentir la piel. Cada uno se concentró en su propia piel, no dejaban ni un minuto libre para no menguar el deseo. El calor en el cuerpo los invadió. Los cuerpos se desvanecieron y se hicieron etereos. Se diluían en el aire, se combinaron con las sábanas, percibieron sus fluidos, los saboreaban, se disfrutaron, las pupilas se dilataron y la habitación se hizo pequeña mientras el cuerpo se hizo enorme, sus manos se salían de la piel, la trascendía.
Aquel palpitar en las entrañas se hizo grande y el cuerpo se estremeció al volver a hacerse pequeño, los músculos se contrajeron, haciendo que la piel se erizara, la velocidad de la expansión y la contracción fue tan inesperada que los cuerpos no pudieron evitar temblar, todo se hizo imperceptible, no se podía ver, ni oir, solo sentir, sentir sin lengua, sin ojos, sin odios, todo unido y contraido. La liberación llegó entonces, fue infinita y el mundo se detuvo. Un suspiro profundo la trajo de nuevo a este mundo.
Había olvidado que todo estaba sucediendo, sin suceder. La conversación se pausó y se tornó amable. De repente en medio de las palabras y la sensación de desnudez aparece un mensaje que desconectó a Diana.
- Tengo algo que decirte y espero que lo tomes de la mejor forma-.
Diana se estremeció con el mensaje, ¿de qué se trataba?
- Yo no creía en este tema de tecnología para conocer a alguien... y fue un amigo quien me abrió el perfil y pues...-
Este mensaje iba avanzando y Diana cada vez sentía que esto no tendría un buen fin.
- Las fotos son de mi amigo, no son las mías y lo siento. Yo no pensé que esto funcionara -.
Diana tuvo la sensación de que se hundía en la vergüenza de haber tenido una conversación erótica con alguien a quien en realidad no conocía, pero ahora era peor porque se había quedado sin rostro.
Bloqueó sus cuentas y buscó desaparecer, sin embargo, las huellas estaban en todo. Se sintió decepcionada. Perdía de nuevo y eso lo hacia desvanecerse. Lloró, sin arrepentimiento solo con la terrible decepción del engaño. Parecía que dentro de sí se rompía su frágil confianza en sí misma.
Pasó una larga noche, nubes densas acompañaron el nuevo día que no brillaba para ella. No dejaba de pensar en la sensación de vergüenza por lo que había experimentado al día anterior. ¿En qué estaba pensando? se repochó.
Caminó hacia la estación como cada mañana y mientras caminaba empezó a tener la sensación de ser observada y aquel hombre sin rostro se convitió en todos y en nadie.
La angustiaba de repente su vulnerabilidad, Diana nunca dimensionó lo que pasaría con su decisión, lo que sucedería luego. ¿Quién era este hombre? Y si...¿decidiera encontrar y seguirla? o si..¿este hombre fuera un ser desequilibrado? ¿Si decidiera hacer realidad lo que vivió con su imaginación?
La avergonzaba la mirada del otro. Aquel hombre sin rostro se había apoderado de su libertad.
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