Estoy a 8 minutos de iniciar el día laboral, entre despertar, hacer ejercicio, meditar y este instante han pasado ya dos horas y media. Todo es animado en la mañana, hasta que llega este momento. Es interesante reunirse con los compañeros a conversar, a crear, a aprender, incluso a definir cosas. Pero ya para esta altura, estas definiciones, estos temas estas versiones, no me convocan.
Particularmente siento que quiero dormir, no quiero pasar por este
momento, y la obligación de hacerlo porque así es. Tal vez Aristóteles tenía
razón con su perspectiva de desarrollar carácter, ni tan hedonista, ni tan
sacrificado, quizás un punto en el que se actúe con responsabilidad y sabiendo
que no es precisamente lo que te llena el corazón, pero si lo que cubre todas
las cuentas, debería ser suficiente para sentirse motivado a seguir.
Sin embargo, no consigo liberarme de este sueño y esta sensación de poco
deseo y motivación hacia esta actividad, que en muchas ocasiones me parece
vacía y poco productiva para la vida, para el espíritu, para lo que realmente
significa.
O tal vez estoy tan equivocada que solo me parezca productivo lo
espiritual y he olvidado lo tangible, lo que produce recurso, lo que ofrece
algo a cambio de…
Días siniestros cuando son cuestionados desde el amanecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario