viernes, 23 de octubre de 2020

8 MINUTOS

Estoy a 8 minutos de iniciar el día laboral, entre despertar, hacer ejercicio, meditar y este instante han pasado ya dos horas y media. Todo es animado en la mañana, hasta que llega este momento. Es interesante reunirse con los compañeros a conversar, a crear, a aprender, incluso a definir cosas. Pero ya para esta altura, estas definiciones, estos temas estas versiones, no me convocan.

 

Particularmente siento que quiero dormir, no quiero pasar por este momento, y la obligación de hacerlo porque así es. Tal vez Aristóteles tenía razón con su perspectiva de desarrollar carácter, ni tan hedonista, ni tan sacrificado, quizás un punto en el que se actúe con responsabilidad y sabiendo que no es precisamente lo que te llena el corazón, pero si lo que cubre todas las cuentas, debería ser suficiente para sentirse motivado a seguir.

 

Sin embargo, no consigo liberarme de este sueño y esta sensación de poco deseo y motivación hacia esta actividad, que en muchas ocasiones me parece vacía y poco productiva para la vida, para el espíritu, para lo que realmente significa.

 

O tal vez estoy tan equivocada que solo me parezca productivo lo espiritual y he olvidado lo tangible, lo que produce recurso, lo que ofrece algo a cambio de…

 

Días siniestros cuando son cuestionados desde el amanecer.

 

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