Los laberintos de la mente aún siguen siendo inexplicables. En ellos se cruzan una gran cantidad de funciones y movimientos de pensamiento, emoción y estructura humana que derivan en comportamientos humanos, algo que es tan simple que hace que yo responda al mundo de cierta manera.
El cerebro en su estructura física se asemeja un poco a lo que podría ser ese laberinto que construimos en el transcurso de nuestras vidas. En imágenes se podría plantear que cada una de las paredes, los caminos conectados, los caminos bloqueados y los diferentes movimientos que se dan en el cerebro son el resultado de cada una de las vivencias, momentos, memorias, percepciones que vamos teniendo en el transcurso de la vida y que van construyendo un sin número de caminos mentales.
Luego en el transcurso del tiempo empezamos a utilizar unos caminos más
que otros, damos prelación y fuerza a algunos y dejamos de lado a otros que
quizás ya no son tan relevantes o no nos parece así. Se construyen nuevos muros
cada día y es quizás por esto que ciertos caminos de retorno ya no se
encuentran, y se requiere de un trabajo de análisis que ayude a seguir el
camino para llegar a desenvolver puntos que han quedado anudados, desalojados o
bloqueados.
En el transcurso de la vida, este proceso lo llevamos a cabo de manera inconsciente, cada elección que tomamos nos lleva a construir un nuevo camino y cada camino que se hace nos va dando una forma de pensar, una forma de ver lo que nos rodea y una forma de interpretar y construir la realidad.
Esta construcción es algo tan natural del ser humano que pocas veces ponemos atención a la manera como se da y la forma como condicionamos nuestra mente para crear ese laberinto.
Y ¿qué pasa si no tenemos idea de lo que hemos enseñado a nuestra mente? Empezamos a darnos cuenta que hay situaciones de vida que percibimos como extrañas, que percibimos de manera diferente, que nos produce sensaciones de mucha tristeza, rabia, o indiferencia. No sabemos por qué pero "algo pasa conmigo que no entiendo".
Empezamos a caminar por el laberinto sintiéndonos, perdidos, desolados, desesperados, desesperanzados. El sufrimiento en principio sutil, se va profundizando y llega el momento en el que mi ser extraviado se pregunta ¿Dónde estoy?
Desesperadamente ha intentado salir de su propio laberinto y ahora no encuentra las salidas. ¿Cómo llegué hasta ese lugar? ¿Qué es ese lugar? ¿Por qué estoy aquí?
La vida en modo automático nos conduce por caminos elegidos al azar, al intentar el retorno no recordamos por donde pasamos, que vimos, que hicimos, ni siquiera fuimos conscientes de la manera como nos sentimos en ese momento. Tener consciencia plena de lo que vivimos cada minuto, es un reto utópico que el ser humano luchará por alcanzar. Sin embargo, vivir intentando hacer consciencia al menos de mis decisiones, mis emociones y mi proceso, nos permitirá regresar en nuestros pasos y encontrar la salida.
Es fácil de decir, pero la vida misma es un obstáculo para conseguirlo, todo nos conduce hacia vivir en automático. El poder está en identificarlo, en darme cuenta y de alguna manera domesticarlo; nuestra mente salvaje, piensa lo que quiere, nos irradia con sus ideas y conceptos formados en la falta de consciencia, y nos lastima, nos vulnera y nos pone en situaciones de impotencia o incapacidad. Nos conduce a creer que tenemos límites.
La mente amaestrada para vivir y entender lo que hace, puede ser revisada, puede adaptarse, puede retarse, se permite ir hacia adelante para ser explorada y potenciada. La mente salvaje se asusta y ataca, se defiende, huye, se esconde y empieza a configurar un interminable número de obstáculos para evitar que lleguemos a ella, pues corre el riesgo de ser colonizada, invadida, convencida.
Podríamos llegar a pensar que el ideal del ser humano es su mente salvaje, sin embargo, no es así, una mente salvaje es una mente reactiva e inconsciente, vulnerable, fácilmente permeada por los comportamientos de "masa", que tendrá un criterio poco desarrollado, y poca fuerza de voluntad para lograr sus objetivos.
Una mente consciente, tendrá la posibilidad de conectar profundamente consigo mismo y con el otro, es capaz de encontrar un lugar reposado, pensante, equilibrado, capaz de darse el tiempo, pues comprende que es etéreo, capaz de mirar los momentos que vive porque entiende que son constructos abstractos, es capaz de entenderse como un individuo y un todo, capaz de conectar con el otro.
Esta conexión mayor consigo mismo y con los demás permitirá la construcción de caminos internos visibles, donde puedes observar con claridad el camino. Donde soy consciente de lo que vivo, de mis propias reacciones, emociones y conexiones.
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