lunes, 10 de agosto de 2020

SOLO UNA FRASE




En medio de la turbulencia se entretejen emociones que hacen traslucida la piel evidenciando el contenido. 


EL MILAGRO

Cuesta tomar la decisión de entrar en el alma. Tengo y tenemos la alternativa de elegir dentro de nuestro ser lo que sdeseamos en este momento.  Me lleno de ira al ver la injusticia y la incapacidad que tenemos de pensar realmente mas allá de nosotros mismos. El desamor de la humanidad me hace sentir decepcionada y en muchas ocasiones con el ánimo de desistir de esta vida y esta tierra. 

Me pregunto, con mi actitud, cómo puedo aportar, finalmente es tan poco lo que puedo dar y lo que puedo hacer. Parece que igual toda la humanidad seguirá su camino de incomprensión, de odio a sí mismos, de falta de empatía, su camino de dolor. 

Qué puedo dar, qué puedo aportar, cómo puedo hacer algo. Apenas si logro ser consciente de mi propio ser y mis sentimientos hacia el otro. 

La vida es un milagro que despreciamos a diario. 


REFLEXIÓN DE PANDEMIA

 He visto y me he visto luchando por sobrevivir y es realmente agotador, todos mis compañeros de trabajo están en una lucha incansable contra el tiempo por no dejarse morir, por hacer sobrevivir algo que aman y algo que han creado y han construido con sus propias manos. Algo que no es su propia vida, pero se convirtió en su vida. Y dudan? Que nos hace dudar.  No hemos tenido el permiso propio de hacer el pare, de pensar bien, de ver la luz real que hay en nuestro camino, todo ha sido un camino tortuoso. 

Pero hoy después de haber acompañado esa lucha y haber estado en la misma sintonía, de haberme visto reventarme en fiebre con mi cuerpo luchando igual y pidiendo fuerzas, quiero entender y aprender de este proceso, lo quiero vivir, dándome cuenta de sus adversidades, per disfrutandolas y entendiendo que siempre estoy acompañada, que de verdad es fácil, que el éxito no es tener, que el éxito es amar. 

Sobrevivir es a lo que nos han enseñado, vivir es profundo, es un acto de amor profundo hacia mi misma, hacia mi ser espiritual, hacia la vida, hacia lo que me rodea, hacia otros, hacia el todo. 

Si se actúa en amor nada será difícil de llevar, si se actúa en desamor la carga es sacrificio y sufrimiento. Solo el amor nos permite llevarnos a lugares nunca antes concebidos en nuestra mente. No voy a luchar, no voy a sobrevivir, voy a dejarme llevar por este proceso maravilloso de silencion y tranformación que la vida nos propone a todos, voy a asombrarme con los cambios, y a deslumbrarme con los milagros de amor y a acompañar y vivir en amor cada instante de esta "cuarentena" tan necesaria para todos nosotros. 

Mi corazón se enternece cuando escribo esto y siento profundas ganas de llorar, pero es un llanto que se origina en el gozo interior de mi alma que se recocija en la alegria de la inocencia, del silencio, de la ruptura con lo ficticio, con aquello que es creado por nosotros, por la ruptura con una realidad que se ve como una verdad y el encuentro con una verdad que se vuelve realidad. 

EL MOMENTO DE LA VIDA Y LA MELANCOLÍA

Con el paso del tiempo he descubierto mi fugacidad, mi forma gaseosa y eterea que se desvanece ante el menor atisbo de posesión. Parece que estuviera pero no, parece que me fuera pero ahí estoy. La impredictibilidad de mi presencia. La forma que es, pero no está. 


CUENTO: EL HOMBRE SIN ROSTRO

 Desde ese día mirando a través del cristal se dió cuenta que siempre la seguiría el hombre sin rostro. 

Diana Castel había asumido con derrota su soledad. Se habia rendido, sabía que seguir luchando era en vano.  Pero tal como todos los seres guardaba en si la esperanza de que eso cambiaría. 

En medio de una sociedad donde la soledad era vista como desgracias, Diana se valía de todo cuanto pudiera para no permitir que esa idea hiciera parte de su pensamiento. 

Algún día, tiempo atrás, Diana soñó con la vida de los cuentos, una vida en la que había un él que la rodeaba y de permitía sentirse fuerte, porque se sabía respaldada. 

En el camino de su vida encontró un él que le daría el estatus mas importante de su vida el de "Señora", era digno, honorable, respetable, casi poderoso. 

Mientras veía su sueño transformarse en pesadilla, se dió cuenta que lo que creía era tan solo una fachada, aceptada en lo social, pero corrosivo en su ser mujer. El sacrificio era ella, entonces, se sintió mal amada, sintió que se traicionaba. 

Luchó entonces por liberarse de esta sensación y prefirió la soledad. Decidió que sería ella misma, su fuerza y su respaldo. Desde ese mismo instante su vida se transformó.  Y se descubrió, se disfrutó a sí misma, se liberó, sintió que se amaba a si misma y vio florecer su vida y la vio oscurecer también cuando se cerraba ante ella. Pero descubrió que la oscuridad no era permanente y podía hacer que brillara la luz de nuevo. Se descubrió fuerte, poderosa, valiente, creadora. Y pasaron los días, los meses y los años y ella seguía adelante.

Descubrió que quería compartir con alguién, y Diana Castel se sintió lista.  La solución estaba al alcance de su mano, su dispositivo móvil tenía una infinita oferta de aplicaciones a través de los cuales conocer a alguien. Le pareció viable y hasta divertido. 

Y empezó a conocer gente virtual, estaba bien, el tiempo no le daba para más. Tenía la posibilidad de filtrar, elegir, mirar, conversar, cancelar. Tuvo la sensación de estar en supermercado, podía ver, conversar y no tenía que comprar. Seguía su vida pero ahora sumaba cierta emoción.  

Un día apareció un él. Una conversación que inició de manera muy general, como casi todas. Se veía joven, agradable, era respetuoso, eventualmente agregaba algo de picante que le parecía bien, incluso interesante. Continuó la conversación muy puesta en su lugar, manteniendo un límite que no se trangredía, pero daba permisos; le divirtió, sonrió, llenó el día con imágenes ociosas y con una que otra imagen salida de tono, que despertaba en ella algo de deseo y líbido, mas que malestar. 

Así entre charlas escondidas pasó el día y algo de la noche. Se dispuso a conocerlo mejor y quiso abrir su mente. Diana no era una mojigata, aunque había algunas cosas que en definitiva no iba a experimentar. La noche llegó a su cúspide al igual que la conversación. El deseo se adueño del ambiente y las circunstancias. 

El planteó una pregunta, si ella aceptaba, pasarían un límite en la virtualidad. Entonces ella aceptó. Y las palabras fluyeron al igual que los toques. Ella no dudó en decirle lo que quería, estaba bien jugar un rato. 

El le pidió que pusiera la cámara, ella sabía que ese era su límite y se negó. - El juego es de imaginación solo te daré palabras -, él la había visto en sus fotos, le gustaba cómo se veía. El juego se tornó cada vez mas excitante. Tócate, dale, cógeme, acariame, lámeme, bésame, fueron una entre muchas palabras que llenaban el espacio de calor y deseo. 

La excitación del momento generó cercanía y casi se podía sentir la piel. Cada uno se concentró en su propia piel, no dejaban ni un minuto libre para no menguar el deseo. El calor en el cuerpo los invadió. Los cuerpos se desvanecieron y se hicieron etereos. Se diluían en el aire, se combinaron con las sábanas, percibieron sus fluidos, los saboreaban, se disfrutaron, las pupilas se dilataron y la habitación se hizo pequeña mientras el cuerpo se hizo enorme, sus manos se salían de la piel, la trascendía. 

Aquel palpitar en las entrañas se hizo grande y el cuerpo se estremeció al volver a hacerse pequeño, los músculos se contrajeron, haciendo que la piel se erizara, la velocidad de la expansión y la contracción fue tan inesperada que los cuerpos no pudieron evitar temblar, todo se hizo imperceptible, no se podía ver, ni oir, solo sentir, sentir sin lengua, sin ojos, sin odios, todo unido y contraido. La liberación llegó entonces, fue infinita y el mundo se detuvo. Un suspiro profundo la trajo de nuevo a este mundo. 

Había olvidado que todo estaba sucediendo, sin suceder. La conversación se pausó y se tornó amable. De repente en medio de las palabras y la sensación de desnudez aparece un mensaje que desconectó a Diana. 

- Tengo algo que decirte y espero que lo tomes de la mejor forma-.

Diana se estremeció con el mensaje, ¿de qué se trataba?

- Yo no creía en este tema de tecnología para conocer a alguien... y fue un amigo quien me abrió el perfil y pues...-

Este mensaje iba avanzando y Diana cada vez sentía que esto no tendría un buen fin.

- Las fotos son de mi amigo, no son las mías y lo siento. Yo no pensé que esto funcionara -.

Diana tuvo la sensación de que se hundía en la vergüenza de haber tenido una conversación erótica con alguien a quien en realidad no conocía, pero ahora era peor porque se había quedado sin rostro. 

Bloqueó sus cuentas y buscó desaparecer, sin embargo, las huellas estaban en todo. Se sintió decepcionada. Perdía de nuevo y eso lo hacia desvanecerse. Lloró, sin arrepentimiento solo con la terrible decepción del engaño. Parecía que dentro de sí se rompía su frágil confianza en sí misma. 

Pasó una larga noche, nubes densas acompañaron el nuevo día que no brillaba para ella. No dejaba de pensar en la sensación de vergüenza por lo que había experimentado al día anterior. ¿En qué estaba pensando? se repochó. 

Caminó hacia la estación como cada mañana y mientras caminaba empezó a tener la sensación de ser observada y aquel hombre sin rostro se convitió en todos y en nadie. 

La angustiaba de repente su vulnerabilidad, Diana nunca dimensionó lo que pasaría con su decisión, lo que sucedería luego. ¿Quién era este hombre? Y si...¿decidiera encontrar y seguirla? o si..¿este hombre fuera un ser desequilibrado?  ¿Si decidiera hacer realidad lo que vivió con su imaginación?

La avergonzaba la mirada del otro. Aquel hombre sin rostro se había apoderado de su libertad.