viernes, 23 de octubre de 2020

¿DÓNDE ESTOY?

Los laberintos de la mente aún siguen siendo inexplicables. En ellos se cruzan una gran cantidad de funciones y movimientos de pensamiento, emoción y estructura humana que derivan en comportamientos humanos, algo que es tan simple que hace que yo responda al mundo de cierta manera.

El cerebro en su estructura física se asemeja un poco a lo que podría ser ese laberinto que construimos en el transcurso de nuestras vidas. En imágenes se podría plantear que cada una de las paredes, los caminos conectados, los caminos bloqueados y los diferentes movimientos que se dan en el cerebro son el resultado de cada una de las vivencias, momentos, memorias, percepciones que vamos teniendo en el transcurso de la vida y que van construyendo un sin número de caminos mentales. 

Luego en el transcurso del tiempo empezamos a utilizar unos caminos más que otros, damos prelación y fuerza a algunos y dejamos de lado a otros que quizás ya no son tan relevantes o no nos parece así. Se construyen nuevos muros cada día y es quizás por esto que ciertos caminos de retorno ya no se encuentran, y se requiere de un trabajo de análisis que ayude a seguir el camino para llegar a desenvolver puntos que han quedado anudados, desalojados o bloqueados.

En el transcurso de la vida, este proceso lo llevamos a cabo de manera inconsciente, cada elección que tomamos nos lleva a construir un nuevo camino y cada camino que se hace nos va dando una forma de pensar, una forma de ver lo que nos rodea y una forma de interpretar y construir la realidad.

Esta construcción es algo tan natural del ser humano que pocas veces ponemos atención a la manera como se da y la forma como condicionamos nuestra mente para crear ese laberinto.

Y ¿qué pasa si no tenemos idea de lo que hemos enseñado a nuestra mente? Empezamos a darnos cuenta que hay situaciones de vida que percibimos como extrañas, que percibimos de manera diferente, que nos produce sensaciones de mucha tristeza, rabia, o indiferencia. No sabemos por qué pero "algo pasa conmigo que no entiendo". 

Empezamos a caminar por el laberinto sintiéndonos, perdidos, desolados, desesperados, desesperanzados. El sufrimiento en principio sutil, se va profundizando y llega el momento en el que mi ser extraviado se pregunta ¿Dónde estoy?

Desesperadamente ha intentado salir de su propio laberinto y ahora no encuentra las salidas.  ¿Cómo llegué hasta ese lugar? ¿Qué es ese lugar? ¿Por qué estoy aquí?

La vida en modo automático nos conduce por caminos elegidos al azar, al intentar el retorno no recordamos por donde pasamos, que vimos, que hicimos, ni siquiera fuimos conscientes de la manera como nos sentimos en ese momento. Tener consciencia plena de lo que vivimos cada minuto, es un reto utópico que el ser humano luchará por alcanzar. Sin embargo, vivir intentando hacer consciencia al menos de mis decisiones, mis emociones y mi proceso, nos permitirá regresar en nuestros pasos y encontrar la salida.

Es fácil de decir, pero la vida misma es un obstáculo para conseguirlo, todo nos conduce hacia vivir en automático. El poder está en identificarlo, en darme cuenta y de alguna manera domesticarlo; nuestra mente salvaje, piensa lo que quiere, nos irradia con sus ideas y conceptos formados en la falta de consciencia, y nos lastima, nos vulnera y nos pone en situaciones de impotencia o incapacidad. Nos conduce a creer que tenemos límites.

La mente amaestrada para vivir y entender lo que hace, puede ser revisada, puede adaptarse, puede retarse, se permite ir hacia adelante para ser explorada y potenciada. La mente salvaje se asusta y ataca, se defiende, huye, se esconde y empieza a configurar un interminable número de obstáculos para evitar que lleguemos a ella, pues corre el riesgo de ser colonizada, invadida, convencida. 

Podríamos llegar a pensar que el ideal del ser humano es su mente salvaje, sin embargo, no es así, una mente salvaje es una mente reactiva e inconsciente, vulnerable, fácilmente permeada por los comportamientos de "masa", que tendrá un criterio poco desarrollado, y poca fuerza de voluntad para lograr sus objetivos.

Una mente consciente, tendrá la posibilidad de conectar profundamente consigo mismo y con el otro, es capaz de encontrar un lugar reposado, pensante, equilibrado, capaz de darse el tiempo, pues comprende que es etéreo, capaz de mirar los momentos que vive porque entiende que son constructos abstractos, es capaz de entenderse como un individuo y un todo, capaz de conectar con el otro.

Esta conexión mayor consigo mismo y con los demás permitirá la construcción de caminos internos visibles, donde puedes observar con claridad el camino. Donde soy consciente de lo que vivo, de mis propias reacciones, emociones y conexiones.

 

8 MINUTOS

Estoy a 8 minutos de iniciar el día laboral, entre despertar, hacer ejercicio, meditar y este instante han pasado ya dos horas y media. Todo es animado en la mañana, hasta que llega este momento. Es interesante reunirse con los compañeros a conversar, a crear, a aprender, incluso a definir cosas. Pero ya para esta altura, estas definiciones, estos temas estas versiones, no me convocan.

 

Particularmente siento que quiero dormir, no quiero pasar por este momento, y la obligación de hacerlo porque así es. Tal vez Aristóteles tenía razón con su perspectiva de desarrollar carácter, ni tan hedonista, ni tan sacrificado, quizás un punto en el que se actúe con responsabilidad y sabiendo que no es precisamente lo que te llena el corazón, pero si lo que cubre todas las cuentas, debería ser suficiente para sentirse motivado a seguir.

 

Sin embargo, no consigo liberarme de este sueño y esta sensación de poco deseo y motivación hacia esta actividad, que en muchas ocasiones me parece vacía y poco productiva para la vida, para el espíritu, para lo que realmente significa.

 

O tal vez estoy tan equivocada que solo me parezca productivo lo espiritual y he olvidado lo tangible, lo que produce recurso, lo que ofrece algo a cambio de…

 

Días siniestros cuando son cuestionados desde el amanecer.

 

PARACAIDAS

 

La mente es como un paracaídas, para que funcione hay que tenerlo abierto.

Albert Einstein.

 

Es una frase tan simple, parece obvia, sin embargo, quien la dice le otorga un valor superior dando significado profundo a lo que quiere decir.

¿Por qué una frase tan simple alcanza significado cuando quien la dice tiene un gran estatus?

Hay tres aspectos que se pueden analizar:

El primero es la simplicidad, en tanto la frase es fácilmente comprensible por su lenguaje.

El segundo es la claridad, no tiene probabilidades de interpretación, casi se puede decir que tiene una interpretación única y concreta.

La tercera es el referente, quién lo dice, una persona que goza de credibilidad dada su trayectoria y conocimiento.

Trabajemos en esos tres aspectos:

1.       Simplicidad.

2.       La claridad.

3.       Ser referente.

 

Esta frase nos invita a caminar dos caminos: 

 

El primero en efecto el contenido de la frase que nos invita a estar dispuestos, abiertos a generar nuevos aprendizajes, a desaprender y ver las cosas desde una perspectiva diferente.

 

El segundo punto nos invita a cuestionar nuestra forma de interactuar y posicionarnos con los otros, valdría la pena preguntarnos, si nuestros mensajes y contenidos son simples, concretos, claros, si el lenguaje que utilizamos llega a todos nuestros interlocutores. O vivimos en el supuesto de que el otro nos entiende.

 

El otro lugar de cuestionamiento es si tengo objetivo definido y mensaje claro para expresar el punto de vista y llegar a acuerdos en la interpretación de lo que se dice.

 

Y finalmente, preguntarnos sobre un aspecto fundamental que recae sobre nuestro propio ser, nuestra reputación, lo que hemos construido al interior y se refleja hacía el exterior. Es una pregunta sobre si para lo que estoy diciendo soy referente, soy alguien con credibilidad frente a mi acción.

 

Cuántas veces emprendemos el camino de observarnos, conocernos e identificar nuestras posibilidades de crecimiento. 

 

Tal vez podrías intentarlo orientado por estas preguntas.

EL AMOR POR LA VIDA

Las mañanas bogotanas tienen un olor particular, que ha venido recuperándose a través de los días que transcurren pálidos para la humanidad. Pese a sus nubes grises de los días lluviosos, se percibe en el aire un aroma a frescura, tal vez a hierba fresca combinada con rocío.

 

En medio de esa sensación y completamente abrigada me deleito en pensamientos de buenos días, me distancian de mi rutina tan solo diecisiete minutos, que pueden sentirse como horas en la adversidad, pero que ante el goce absurdo de la pluma pasan veloces sin dejar un momento para el deleite.

 

El relato enriquecido de la segunda guerra mundial, presentado por Diana Uribe, completa la escena y da lugar a aquellos pensamientos colmados de preguntas sobre la humanidad y su sentido. Su relato poético, transporta a aquellos lugares y despierta pensamientos y emociones que la historia nunca antes había logrado despertar en mí.

 

Detenida en este espacio tiempo y absolutamente despojada de todo, evoco momentos trascendentes de la propia existencia de Colombia y percibo como un nudo se atraviesa en mi garganta. Me percato por primera vez de una sensación de dolor que me produce mi país, lleno de esperanza y embriagado en una inocencia casi estúpida. Donde las posibilidades de vernos como conjunto se ven manipuladas y tristemente estrujadas por la ausencia de lo básico. Una conjugación de aspectos imperantes desde la perspectiva material, moral y cognoscitiva, que al integrarse consolidan seres con capacidades críticas incapaces de pensar superando sus propios requerimientos.

 

Pero noto con mayor asombro que aun cuando existe uno de los aspectos que se convierte en un jugador potenciador de la "estupidez" o la inocencia absurda. Definitivamente los aspectos moral y cognoscitivo son un imperativo, pero la variable material, asegurar básicos como vivienda, alimento, salud, juega un rol decisivo en la fórmula, y pareciera que tanto el exceso, dar por hecho la existencia de estos aspectos en la vida como algo que merezco por ser yo o que debo tener por derecho; como el defecto de los factores, dar por hecho que conseguir estos mínimos es el resultado de una lucha infructuosa diaria en donde se juega la supervivencia minuto a minuto; afectan de manera significativa la capacidad de desarrollo y utilización de la moral y el conocimiento.

 

Nuestro país navega en la incertidumbre continua de la consecución de lo básico que brilla por su ausencia, mientras puede observar a través del cristal como existe un mundo que lo tiene todo, aun sin mucho esfuerzo; el hambre nubla el sentido del pueblo, que empieza a sentirse ultrajado y humillado, y que ante años de derrota empieza a ver como ser desborona el sentido moral dominante y externo impuesto por los cultos religiosos.

 

La decadencia institucional se ha venido gestando durante años, al ver la injusticia de las acciones divinas y también de aquellas cuyo deber está en protegernos. Los abusos, la poca libertad, el sentir y resentir las pocas posibilidades, la dificultad de la supervivencia diaria, ha ido minando las voluntades y el carácter jocoso y solidario y lo está transformando en un carácter salvaje capaz de llegar hasta las últimas consecuencias.

 

Se ama la vida y se muere para reivindicarla.

UNA TRISTEZA INTENSA

 Querido amigo:

He visto tus palabras en Facebook donde te despides de tu hijo. Quiero expresarte en mis palabras mi cariño, mi tristeza y al mismo tiempo poder compartir contigo, tu esposa y la chiqui, la fuerza y apoyo que pueda brindarte en este momento.

Agradezco nuestro encuentro a principios de este año y la posibilidad que nos dio la vida para compartir y poder conectarnos a través del momento que estaban viviendo como familia. Sin lugar a dudas son una familia repleta de amor que va a llevar consigo el recuerdo de un pequeño maestro que, con su presencia en este mundo, con su vida y su partida, les dejó un sinnúmero de experiencias, vivencias, recuerdos, enseñanzas para seguir adelante transitando el paso por este mundo, y que se llevó con él una vida plena, llena de amor.

Ese día que compartimos, pude ver tu gran sabiduría para vivir, admiré profundamente tu capacidad para ver este momento e intentar entender lo incomprensible.

Les mando un abrazo con todo mi corazón y espero que la vida nos permita encontrarnos de nuevo. Con respeto y gran cariño comparto contigo y tu familia estas palabras.

Mil bendiciones. 

SUPUESTOS

Damos por hecho tantas cosas mientras pasamos por este mundo. Entre otras muchas cosas, damos por hecho que seguiremos vivos mañana. Nos empecinamos en dejar para mañana nuestros sueños, nuestros deseos y nos empecinamos más aún en hacer de la vida, o sea del hoy, algo infructuoso, pues llegará el momento en el que se compense este gran sacrificio.

 

Un discurso incrustado en nuestra mente acerca del deber hace que dejemos de lado lo que parece ser un capricho egoísta y temporal, dejar de lado el querer es casi un hecho heroico que da cuenta de nuestro gran sentido de responsabilidad y nuestro compromiso con la resignación y el sacrificio para responder al mandato social y divino.

 

Responder a lo que se quiere sería un hecho reprochable, mal visto, que da cuenta de la poca consciencia que se tiene de la vida e incluso del otro. Sin embargo, en esta situación de hoy en la que nos estamos enfrentando de manera obligatoria a cuestionar nuestra vida, lo que hacemos, lo que hemos hecho, lo que vamos a hacer; cuando nos enfrentamos a la imposibilidad de hacer lo que nuestra rutina exigía e incluso nos encontramos con la hoz de muerte rozando nuestros hombros  sin saber si seré el próximo elegido; me pregunto si en realidad esa perspectiva del SER cimentada en el deber tiene sentido. Si en realidad esa perspectiva, nos permite encontrarnos con nuestra versión más pura de ser humano, o por el contrario nos lleva a mantenernos ligados a esquemas tan irreales, tan impuestos, que nuestra vida va perdiendo sentido, se va haciendo poca, opaca, pobre, pequeña, insignificante y perdemos la perspectiva de la vida en su dimensión mágica e iluminada.

 

Quizás el camino a recorrer sea el del querer. Encontrarse, vivirse, poderse ver a sí mismo en tal dimensión que se pueda reconocer al otro.

 

Tal vez nuestros supuestos son equivocados y lo que vale la pena es vivir, no luchar por ser feliz, sino ser feliz. Recordar los momentos vividos y saber que estuve ahí, que lo sentí, que lo viví, que realmente fui yo, estuve yo, correspondía al querer no al deber.

 

Me pregunto, si nuestro ser pudiera expandirse en el querer, expresarlo sin ser juzgado, vivirlo profundamente, podría hacerse las preguntas posteriores acerca del otro, y entonces podría suceder, que la persona en realidad pudiera sentir al otro, y desde ese lugar entenderlo, respetarlo, incluso amarlo, con niveles más sanos, menos restrictivos, que no implicaran fuerza y por tanto partiera de la conexión propia del corazón con la mente.

 

¿Permitiría esto desarrollar un nivel de la mente poco explorado y por pocos? Me pregunto si ¿encontraríamos en realidad la fase más profunda de la empatía?, y si esta conexión emocional con el otro fuera de tal nivel, que me siento parte de ese otro y en ese momento sería imposible pensarme separado de ese otro.

 

Acaso la vida como está planteada en este mundo, nos condujo a un nivel de racionalidad que no nos permite una vida plena, feliz o más allá de estos paradigmas románticos, nos conduce a poner fuera de nosotros todo lo que en realidad esta adentro y tras vaciarnos, nos hace sentir perdidos, desolados, sedientos y corremos cada día a buscar desconsolados lo que se nos ofrecen como solución. Como zombis podemos ser controlados, dominados, manipulados, a través de promesas de bienestar ganados a través de tu esfuerzo, sacrificio y enfoque al deber. Un buen ser humano entonces encontrará la felicidad, plenitud y bienestar, pero es más complejo aún porque transciende a otras dimensiones desconocidas, como la vida después de la muerte, como promesa, para aquellos que no pudieron disfrutar de tales beneficios en esta vida.

 

El vacío permanece y se convierte en tristeza, desolación y dolor. Emociones que se arraigan de manera tan profunda que te mantienen en un estado de pena y sufrimiento continuo. La búsqueda se hace desesperada, intensa y hasta enferma. Entonces probablemente aquellos que son más adaptados socialmente tan solo se orientarán a cosas aceptadas socialmente que les permitan evadir la sensación de vacío, quizás el alcohol, las compras, las colecciones de objetos vacíos, sean formas de luchar por llenar ese espacio y transitar la tristeza y el dolor de manera más llevadera e inconsciente.

 

Pero existe otro grupo de personas que ignoran lo socialmente aprobado.

Sus marcos éticos no fueron cimentados de manera fuerte y sus necesidades de llenar el vacío y dejar de sufrir son prioridad, sobre todo, el querer hacer no se enmarca en la conexión y empatía profunda, sino en el dolor y la tristeza que carcome y ha hecho daño interior.  Así las cosas, el querer se dirige por caminos inhóspitos de vacío y configura alternativas del querer y el deseo tergiversados, que provocarán sufrimiento y dolor a otros. Esto producirá en principio una gran sensación de alivio, pero luego se transforma en una mayor carga de sufrimiento y dolor, tristeza profunda. Se genera un círculo vicioso. La persona que buscará a través de su actuar errado un placer momentáneo y aliviador, que volverá a dar la vuelta y lo llevará a sentirse de nuevo desolado, profundizando cada vez más su tristeza y dolor y haciendo más nociva la búsqueda por satisfacción.

 

Tal vez la sensación de separación sea uno de los dolores más profundos que existan en el ser. Te deja tan desolado que no te permite expresarte y ser. Igual sucederá con la sensación de posesión, donde se gesta la misma desolación.

 

VIAJE INTERIOR

El estar obligada a permanecer en un lugar durante mucho tiempo, me ha llevado a reforzar mis viajes interiores, ahora abalados por mi entrono.

He pasado años recorriendo mis pensamientos, mis deseos, construyendo al interior de mi, mi percepción del mundo. Hoy un sol radiante me llevó a desafiar las normas y salir a la calle, es un decir, eso de salir a la calle. Tan solo me permití salir al espacio social del conjunto residencial en el que vivo.  De repente me quedé como hipnotizada por el tiempo y el espacio, observando lo que existe,  lo que todos los días puedo ver,  lo que está a mi alrededor todos los días y vi lo que he sabido durante mucho tiempo pero de manera tan clara como nunca antes.  Todo era claro, armónico, hermoso.  Todo tenía una luz particular que hacía que la vida tuviera brillo.

En ese momento y ante esa bella imagen, pude repetirme que lo que es adentro, es afuera.  Cuanto mas claro esté adentro mas claro se puede ver afuera.

 

Que bello es esto!!!